martes

Gracias!

Me encantó tu ramo de flores, me alegra que por fin hayas aceptado lo que tu mente te había estado susurrando durante tus noches. Me gusta que puedas dormir ahora tranquilo, me encanta que lo hayas intentando.

¿Crees que no me daba cuenta cuando me mirabas así? como volteabas disimuladamente para ver cada movimiento mío, como sonreías tímidamente ante mí, como guardaste en un rincón de tu mente -casi en secreto- cada frase mía, cómo cada noche buscabas con locura entre tus recuerdos tratando de hacer más nítido aquél momento, tratando de recordar como había sucedido.

Fingiste!
Eres bueno para hacerlo.

Lo hiciste bien al principio, pasaste tan desapercibido ante mí, tan transparente, tan inadvertido, que me es difícil recordar una imagen clara de ti antes de aquella plática. Y de pronto allí estabas, parado frente a mí, sosteniendo aquél vaso azul con una mano y tratando de encender tu cigarrillo con la izquierda. Fue gracioso ver tu falta tu coordinación, eran agradables esos silencios interrumpidos por algún tercero, era divertido ver como tratabas de entablar esos absurdos temas de conversación conmigo. Lo hiciste durante un tiempo considerable, demasiado prolongado para ser sincera, sé que en mi caso (de haber sido la interesada) habría hecho uso de mis mejores recursos, yo habría tratado de ser graciosa en todo momento, contarte cada historia mía, cada aventura divertida, hacer tonterías para verte sonreír, habría sacada el mejor lado de mí. Sé que te habría tenido fácilmente en poco tiempo.

Pero tú no eres así. Prefieres tomarte tu tiempo, te gusta observar el terreno, siempre tratando de sentir esa seguridad, solo con ella puedes hacer uso de tus mejores estrategias, con el fin de llegar a tu meta. Y allí estabas tú haciendo uso de tus mejores dotes. No fui de gran ayuda, lo sé, yo solo me dedique a estar presente, yo solo me dediqué a observarte, a reír, a burlarme de ti.

Creíste que tus acciones pasaban desapercibidas ante mí, pero no fue así. Dejaste ese sentimiento escondido durante algún tiempo, de la manera en que todos ellos acostumbran. Yo sigo sentada aquí, tratando de entender el placer que sienten los demás, el placer por coleccionar cada fantasía y dejarla allí guardada, cual se guarda un objeto de valor, pero, hasta los objetos valiosos son alguna vez utilizados, son alguna vez mostrados a los demás, entonces, no comprendo porque no sacar del cofre ese valor sentimental, tal vez sea miedo, tal vez sea inseguridad… tal vez sea.

Y fue aquél sábado por la mañana, sentados en la acera, sintiendo el frío de ese sereno que cae a primera hora del día, rodeados solamente por naturaleza cósmica, percibiendo aún la música en forma de ondas, burbujear dentro de nosotros. Fue aquél día en que te decidiste a actuar, tomaste mi mano y la envolviste dentro de tu la tuya, tratando de hacerme parte de ti, recuerdo haberla sentido fría, más sin embargo, dejé que fuera cubierta por ella.

Me tomaste por sorpresa debo admitir, pero lograste tu objetivo: captar mi atención por completo. Lograste que mi mirada se desviará de aquél punto, tuve que hacerlo. Me recuerdo sentada allí, mirandonos fijamente, uno al otro durante largo tiempo, un lapso de tiempo que me pareció infinito. Y allí estuve yo, durante largo tiempo, al lado tuyo, sosteniendo tu mirada, sintiendo como intentabas robarme cada uno de mis secretos, de mis pensamientos, de mis sentimientos. Fue cuando logré percatar tus terribles intenciones que salí del aturdimiento, regresé a la realidad. Inmediatamente retiré mi mano, logré romper esa unión en tan solo unos momentos, ese vínculo entre tú y yo que con tanto esfuerzo habías creado, logré separarlo, conseguí deshacerle y salir huyendo de allí.

Sentí miedo, lo acepto, miedo de que fueras poseedor de esa parte de mi, miedo de que te hicieras dueño de todos y cada uno de mis momentos, sentí miedo y te dejé allí, me marché, tuve que partir. Te dejé sentado, abandonado y confundido, con una mezcla de conjeturas yendo y viniendo dentro de tu mente. Preguntándote una y otra vez que habías hecho mal, creabas una, dos, tres y veintitrés teorías y posibilidades, que por un momento te sonaban lógicas y al siguiente eran descartadas. Y te culpaste durante tanto tiempo, pensando que habías actuado mal, y te lo digo ahora, en aquél momento no fue así.

Gracias!

Me alegra recibir tu ramo de flores. Me encargaré de entregárlo personalmente. Sé que le alegrará recibirlas, sé que le harán feliz

...y espero le gusten a ella tanto como me habrían gustado a mí.

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